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04 de Noviembre de 2008

Acceso abierto a nuestra historia

La Vanguardia ha abierto el acceso a todas sus ediciones desde 1881. Más de 2 millones de páginas que nos ayudan a interpretar los últimos tres siglos

En los inicios de la web en Internet, en la era anterior a Google, lo más habitual para los que explicaban las maravillas de la Red era el ejemplo contundente de ir a los buscadores de referencia, que eran Altavista o Yahoo! y hacer una búsqueda. La primera búsqueda quizá era el nombre de un artista famoso o el nombre de una ciudad exótica bajo demanda, pero seguro que la segunda búsqueda era el nombre del propio pueblo dónde habíamos nacido o en el que residíamos. Y así aparecían unas páginas con pocos colores y mucho texto o muy coloridas y llenas de imágenes con movimientos recurrentes. Eran las primeras páginas con contenidos locales y las primeras fotos digitalizadas de los espacios más cercanos colgados en la Red por algún vecino.

Con la misma actitud de aquellos internautas noveles y pioneros me enfrenté a la 'hemeroteca de La Vanguardia. La portada anunciaba especiales sobre Kennedy, Lady Di y un repaso a los presidentes norteamericanos, que estos días toca... pensé que lo dejaba para más tarde. Y me dirigía a la caja de búsqueda. La miré bien. Iba a ponerla a prueba. Y sin prisa escribí ARENYS, el nombre de mi pueblo (la sede fiscal de CR3A'T).

Antes de apretar el botón de búsqueda, inspiré un poco de aire y lo retuve. Estaba a punto de pedir información de Arenys a los últimos 150 años de la crónica periodística continuada del mundo con visión barcelonina. Me venían a la cabeza las imágenes de la antigua redaccilón de la calle Pelayo y aquellas nobles salas, con vólumenes de periódicos encuadernados y pinturas enormes de los antpasados de la familia editora. Tuve respuesta en menos de un segundo. Más de 50.000 documentos. Acostumbrados a Google, estas cantidades ya no impresionan. Y me dispuse a curiosear.

Me llamaban la atención las historias del siglo pasado. Las de los años noventa que recordaba y las de los 40's y 50's que imaginaba en los peores (si es que hubo mejores) años del franquismo. Y de repente una historia de 1966, mi primer año en este mundo. Una página entera con una fotografía insólita de unas obras que conocía pero que no había podido valorar. Un corte en la montaña para dejar paso a los coches y al tren:
 

    RECTIFICACIÓN DE CURVAS EN LA TRAVESÍA DE ARENYS DE MAR

    Esta perspectiva aérea permite contemplar el estado actual de las obras que se realizan en la  travesía de Arenys de Mar para rectificar las curvas sobre la carretera N-II, de una parte, y desplazar la vía terrea hacia el mar, ganando así unos espacios que han de permitir,  a corto plazo, despejar aquellos obstáculos. Ciertamente, esta mejora, que forma parte del segundo Plan de Urgéncias redactado por el Ministerio de Obras Públicas, se pretende esté terminada, como las demás que con el mismo fin se realizan en otras poblaciones de la carretera de la costa, por el mismo itinerario, a principios del verano de 1967. El auxilio ha de suponer, sin duda, un notable alivio para la circulación, en espera de que lleguen las soluciones definitivas a través de las anheladas autopistas. En tanto recibimos esos grandes empeños, seguimos con atención los remedios que con tanta celeridad se están llevando a cabo, y de cuyo desarrollo tenemos un claro ejemplo en esta bella panorámica de la entrada a Arenys de Mar y su zona marítima.

    (Foto helicóptero T A.F.-LA VANGUARDIA. Equipo de vuelo: Sergio Palao y Francisco Perales)

El redactado del texto tiene gracia por sí mismo, pero me llama la tención esta necesidad de modernización con las "anheladas autopistas”.  En plena década de los 60, el crecimiento y el boom económico ejercían una gran presión en las carreteras y era necesario actuar. Esta obra rompió con el Arenys de siempre. Para la vecina de la población de Caldes supuso la construcción del viaducto que la partíó y que, ahora, se quiere derruir. La foto, hecha desde un helicóptero, también aporta un componente de modernidad y una cierta espectacularidad, que se remarca citando al equipo de vuelo.

Cuando yo todavía no tenía ni un año, estos eran los ejemplos de la modernización. La admiración por las grandes obras y los movimientos de tierras deben tener un componente genético que nos recuerda nuestra propia fragilidad. Una cosa me lleva a la otra y, ahora, la admiración me hace volver a valorar el ingente trabajo de La Vanguardia de digitalizar toda su hemeroteca y, sobretodo, de ofrecerla en abierto a toda la ciudadanía. Felicidades y gracias por regalar este recurso que tiene un potencial increible y que debe contribuir de manera directa a construir una Sociedad del Conocimiento más justa, más solidaria y más libre.

Si habéis leído este apunte hasta el final, es que os gusta llegar hasta el final de las historias, sean largas o cortas. No sé si os puedo recomendar que entréis en la hemeroteca de la Vanguardia. No lo hagais ahora si tenéis pendiente de hacer una llamada o enviar un correo urgente. Haceros un café, cerrad el Faceboock i apagad el fuego si estáis cocinando. Ahora ya podéis empezar!

Oriol Ferran

 



 

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